Se trata de una celebración que desde la Edad Media, con los Juegos Florales, está presente en la ciudad. Y hoy, después de tantos siglos, tiene más actualidad que nunca: la poesía nos cuestiona y nos abre horizontes, dibuja la ciudad, nos relaciona con ella. La poesía nos arraiga y traspasa fronteras. Y lo hace, además, con todas las herramientas creativas que tiene a su alcance, a partir de la fuerza cruda y desnuda de las palabras y de la voz.